Masculinidad pobre

Hay millones de artículos hablando sobre los valores de la masculinidad y su crisis. Algunos hablan de las atribuciones de lo masculino y femenino para ensalzar sus cosas buenas y malas. Otros hablan de las relaciones de poder entre las masculinidades tóxicas, que suelen ser las hegemónicas y nos hace entender como las masculinidades fuertes someten a las débiles (para el patriarcado) o deconstruídas. Así pues, se habla de una crisis de la Masculinidad, como si solo existiera una única masculinidad y sus atribuciones tuvieran que ser «salvadas» de las amenazas que acechan como pueden ser el feminismo o las teorías de género. Incluso la derecha alternativa está ganando terreno y apropiándose de términos y reivindicaciones para conservar esa masculinidad hegemónica. La realidad es que la masculinidad hegemónica sigue en lo alto del sistema patriarcal y nunca ha estado en crisis, el problema es que la nueva derecha pretende lanzarnos los unos contra los otros dándole la vuelta a cualquier discurso. Me explico.

Tras la crisis económica de 2008, una gran parte de los hombres perdió sus puestos de trabajo,  puestos que estaban tradicionalmente vinculados además a sectores masculinos como la construcción o la industria; mientras que el sector de servicios, donde existe cierta paridad de género, no notó tanto los efectos de la burbuja inmobiliaria. Así pues, esos hombres que iban a la obra o a la fábrica tuvieron que quedarse en casa. Eso supuso que la masculinidad en la que han sido educados estos trabajadores en paro, se vea herida, avergonzada o incluso degradada por las circunstancias económicas. En la mayoría de los casos, ahora son ellos los que se tienen que hacerse cargo de los cuidados de la casa y los niños, mientras que son ellas las que traen el dinero a casa.

Esta inversión repentina de los valores tradicionales ha creado una clase trabajadora masculina frustrada, que poco a poco han visto una amenaza en el feminismo y no en las políticas económicas neoliberales que provocaron su situación. Hombres que tuvieron que aceptar un rol para el que no estaban educados a los que no se dio un periodo de transición, sino que se dio sobre la marcha. Mientras, las clases altas no han tenido que adaptar su masculinidad y siguen con una concepción tradicional de familia patriarcal, aún teniendo el tiempo y las condiciones para deconstruirse. Los ideólogos de la derecha alternativa analizaron este cambio y lo aprovecharon para conseguir partidarios, culpando al feminismo y a las teorías de género su situación de masculinidad débil, que en realidad había sido producida por la crisis que los mismos neoliberales propiciaron en 2008 con sus especulaciones y burbujas de mercado.

Es por eso que el feminismo acepta otras masculinidades en las que el hombre no es degradado por no seguir los férreos preceptos del patriarcado, que lo ridiculiza por no llevar el pan a la mesa o por cambiar un pañal, e incentiva la expresión de sentimientos que someten al hombre patriarcal convirtiéndolo en un maltratador, un suicida o un homicida. Porque los hombres que se suicidan por quedarse en el paro en el 87% de los casos era de clase trabajadora. El patriarcado no es lugar para pobres.

José Ibarz

Activista socio-cultural, escritor, articulista y fundador y presidente de Acrítica, Plataforma por el Pensamiento Crítico Aplicado. Forma parte de Bandera Negra, Casal Popular El Rebotim, Colectivo Fridas, 2504 y Tarragona Animal Save.

Un comentario sobre “Masculinidad pobre

  • el 13/10/2018 a las 22:58
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    Claro que sí campeón. No te lo crees ni tú. El feminismo de género, de odio al hombre, supremacista (o feminazismo, como le llaman por ahí) es el culpable de denigrar, humillar, vilipendiar y masacrar al hombre. Jamás el feminismo de género ha movido el dedo por una injusticia cometida contra un hombre. Ahora que no intente escurrir el bulto.

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